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Retrato en el librero y su aroma en mi cama.
Fue entonces cuando decidí aglomerar el centro de mi habitación con los sentimientos pasados y prenderle fuego a todo mientras mis brazos pedían a gritos coagular. Al arder observaba el carmesí de mi sangre y los pigmentos de mis venas escaparse por mi epidermis.
Me gritaba a mi mismo que nunca jamas volvería a amar y que nunca jamas volvería dejar a entrar a nadie, por que el problema nunca fue conocerlos, o quererlos, si no dejarlos entrar. De esa misma manera mantendría intactas las crónicas de nuestros encuentros y el hollín del humo proyectaría en mi cara y en mi ser las cosas que nunca jamas volverían a ser y solo quedarían cenizas de lo que alguna vez fuimos.
Exhalé diecisiete veces mas y escuchaba mis latidos menguar al ritmo de la discordia, el fuego ardía como las promesas que dejamos atrás. Por qué te fuiste, por que me dejaste aquí?
Dieciocho.
Fin.
'Despierta, Mantic. Wake up. La salsa de mamá casi está lista. Despierta. Despierta. Despierta. Exclamaba Edda durante el tercer alineamiento astral que se propiciaba en nuestra contaminada galaxia. Han pasado ya 66 días, desde que aquella irresoluta muchacha de los labios rosas y mejillas blancas me dejara y se fuera de mi vida con argumentos tan triviales como ‘Ya no quiero estar contigo’. Continué con lo mío mientras el estofado hervía y Edda extraía una carta de tarot más, colocándolas una por una boca abajo en la superficie del chifonier donde no estuviese maltratado. Salí a fumar un cigarrillo y observaba el espectro de humo y billboards iluminados que adornaban el paisaje del hoyo de muerte o comúnmente llamado flat estudiantil, el sueño académico, que Edda y Yo habíamos decidido rentar para quedar más cerca de nuestra universidad. Entré a la insípida vivienda de muros grises y techos blancos maltratados por la lluvia y que sé yo, tomé un plato de comida y Edda me decía tranquilamente al oído que me quería y que tal vez me amaba. Yo no sentí nada, solo le dije que yo también. Tomó sus llaves, me besó la frente y visualicé tranquilamente su pelo castaño y su camisa colores pastel de franela volar hacia la puerta tan cándidamente y con tanta gracia como solo ella podía. Terminé el estofado y encendí otro cigarrillo. Nicotina. Tomé mis medicamentos y decidí hacer algo pero no sabía qué. En los últimos días todo había sucedido tan extrañamente rápido que no sabía de qué manera proyectar mi existencia terrenal. Dispuse de ir con mon amis du quartier a fumar marihuana y hablar de nada durante un par de horas. En tanto encendía el carro una irritante mosca aterrizaría en mi contra-palma y después de mirarla dos o tres veces conspirar en mi contra moví bruscamente estilo esgrima y con un gesto de victoria huyó hacia la ventana.
Todo parecía indicar que este día moriría. Maldita mosca. No le dí ninguna importancia. Pensé en suicidarme unas cuantas veces camino a casa de Davis. Carro, puente, explosión. No. Carro, puente, colisión. No. Carro, cemento, colisión. No. Combustión Espontánea. Ojalá. Tracción serena sobre el concreto oscuro zebrático amarillo, surcaba por las calles como Titanic pre-catástrofe mientras los conductores del hastío me ordenaban moverme con gestos lindos y articulaciones muy ‘a la fuck your mother, chinga tu madre’ mientras yo solo me imaginaba a Kafka en la costa como a Murakami más le hubiese gustado. Arribé a la morada vintage de madera con tejavanas maltrechas y procedí a entrar por la puerta possé Maradona, mano de dios, mientras los toscos orangutanes me ovacionaban con cigarrillos de marihuana entre dedo índice y pulgar. Edda me habló al celular. Ignorar. Entretanto veíamos los más recientes topless de Kate Moss para la revista Squire. Ahora no Edda, estoy ocupado. Enrollé un cigarrillo a la par de un ámbar y entre cada trago y entre cada fumada me fui sintiendo mejor más que nada porque sentía cada vez más como dejaba de existir. Close your eyes. Sleep.
Despierta, Mantic. Wake up. La salsa de mamá casi está lista. Despierta. Despierta. Despierta. Open one eye, open both eyes. Look at your hands. Ve al baño, wash your face, estás bien. Sigues vivo. Bueno, qué mal. Porche, cobertizo. Vintage style, casa Davis, techo maltrecho, cuatro escalones, cerco verde. Carro dorado. Aquí estoy. Aquí es. Me subí al bote y navegué por el concreto del barrio cuando me encontré a el Mosquito haciendo catwalking no tan cat por la avenida al saludarme. Sube las escaleras y entra a la casa, respira la tarde y enciende otro cigarrillo. Más nicotina. Sube las escaleras, entra a la casa, respira la tarde. Huele a muerte. Me arrojé al sillón rojo de patrones damasquinos, divisé las molduras barrocas en los bordes del techo de su sala y le pedí un poco de limonada al enrollar otro cigarrillo de marihuana. Duerme. Te quiero, tal vez te amo. Pensé en Edda. Pensé en que la quería y que tal vez la amaba. Pensé en cuando me decía que ya no quería estar conmigo, que quería vivir conmigo. Pensaba en hace 66 días. Cuando se fue de mi vida y se volvió mi vida. Pensaba en que la amaba, en que tal vez la quería. Sentí el pesar de mi alma contra mi diafragma. Come back home. Go home. You, sorrowful man. Hombre triste. Piensa en cosas bellas, sal de la casa, baja las escaleras, respira la noche. Huele a respuestas. Huele a resolución.
Once pe-eme. Abrí la puerta y arrojé las llaves sobre la barra de falso granito de la cocina. Take a beer, siéntate en el sofá. Tarot. Chifonier. Los amantes. Ace Of Wands. Muerte.
Sí, es Mantic, ¿Quién habla? Soy Marce. Edda está muerta, un maldito ebrio la asesinó.
Despierta, Mantic. Wake up. La salsa de mamá casi está lista. Despierta. Despierta. Despierta. Open one eye, open both eyes. Look at your hands. ¿What have you done? ¿Qué es lo que has hecho? Tienes un mensaje. ‘Donde has estado hoy, ¿eh? Si te amo.’
Respira. Respira la noche.
Yo también.